No podemos negar que el dubstep se está convirtiendo en uno de los movimientos musicales más emergentes de estos últimos años. Sólo hace falta echar un vistazo por esta página para darse cuenta de ello y ver que últimamente están saliendo bastantes con una calidad mayúscula. Geiom, Burial o Benga han sido de los últimos que han aportado un toque propio, convirtiéndolo en un estilo vivo con múltiples caras.
Ahora llega The Bug para aportar su propio granito de arena, con un disco cargado de sonidos urbanos que intentan reflejar la parte más underground del Londres actual a base de colaboraciones con artistas asociados a este movimiento. Con unas bases simples pero a la vez agresivas donde el auténtico protagonista es un cantante cercano al hip-hop o el ragga, London Zoo se aleja completamente de los esquemas actuales del dubstep sin abandonar del todo el sonido oscuro y casi opresivo que pusiera de moda Burial con sus dos discos.
El tiempo pone a cada cosa en su sitio, como ya muchos sabrán, y este disco posiblemente se sitúe como referente a lo que venga después tanto en dustep como en hip hop. Pero sólo son apreciaciones mías. Mientras tanto, ha disfrutar con el presente que nos trae The Bug.
The Avalanches debutaron con su primer disco allá por el 2000 y ahí se quedaron. Una discografía bastante escueta podríamos decir. Seguro que algunos piensan que es mejor sacar un solo disco magnífico en ocho años a poner en el mercado cinco y que sean todos mediocres. Sea como fuere, lo cierto es que hace unos tres años decidieron publicar un seguno trabajo pero parece que había ciertas diferencias entre ellos que lo impidieron. Pero bueno, tampoco vamos ahora a dedicar al chismorreo. Así que hablemos de Since I Left You y cómo estos chicos sentaron cátedra sobre el mashup.
Copiar y pegar casi siempre va acompañado de la palabra plagio, lo que al fin y al cabo demuestra una absoluta falta de creatividad. Pero ¿qué pasaría si cogiéramos quinientos libros, tomáramos pequeños párrafos y los mezcláramos con una trama consistente? Pues seguramente obtendríamos algo parecido al disco de The Avalanches, donde podemos escuchar infinidad de sonidos que nos hacen venir a la mente vagos recuerdos como de haberlos escuchado con anterioridad. Es lo más parecido a una torre de Babel musical, un continuo déjà vu. Esto es así porque para crear el disco recurrieron a cientos de vinilos antiguos de donde extrajeron unos 3500 samples a los que hacerles auténticas perrerías para que al mezclarlos pudieran sacar algo coherente. Bueno, digamos que al final esa coherencia es válida dentro de un cierto grado de eclecticismo que, sin alejarse nunca de la electrónica, llega a ser difícil de catalogar. Pero no fue impedimento para que gente no acostumbrada a escuchar este género disfrutaran con él como con otros discos más acordes con sus preferencias. Me acuerdo de amigos míos, que odiaban prácticamente cualquier CD que les pusiera en el coche, que al escuchar The Avalanches una noche me pidieron una copia para ellos.
El disco suena espectacular, porque tanto sonidos y samples fusionados de forma magistral crea una carga sonora que impresiona. Aunque los temas den la sensación de sonar algo repetitivos, a poco que prestes atención siempre encuentras pequeños patrones que se van añadiendo o que al principio no habías reparado, con lo que la escucha siempre es entretenida. Hay que decir que esta forma de crear música tampoco es nueva, ya que los Beastie Boys con su Paul’s Boutique ya lo usaron con anterioridad al igual que DJ Shadow en el 96 con su Endtroducing. Después vendría gente Broadway Project o Kira Neris más recientemente, pero nadie alcanzaría la genialidad de estos chicos (puede que haya algún disco por ahí que también esté hecho de esta forma y no haya llegado a mis oidos, así que se agradece alguna contribución por parte de los lectores). Para mí han sido los mejores en esto del arte de copiar y pegar.
Destacar algún tema en concreto se me hace prácticamente imposible, porque este era uno de esos discos que al no tener pausas entre temas y ser todos ellos bastante homogéneos uno lo escuchaba de principio a fin de un tirón. No había una canción que te saltaras porque es casi como si estuvieran contando una historia y no quisieras perderte un solo capítulo. Solo que encima te quedabas con ganas de más y lo volvías a poner otra vez. Por lo menos mi verano de 2001 tuvo como banda sonora este Since I Left You.
Hasta tuvieron un gran gusto para realizar un videoclip la mar de entrañable:
El canadiense Mike Milosh ha sacado su tercer disco bajo el originalísimo título de III. Se lo vamos a perdonar al chico porque seguramente con haberlo parido tuvo ya bastante. Porque hay que reconocerle que está muy bien y que al menos se ha abstenido bastante de cagarla a lo grande. III es de estos discos delicados que ante todo intentan sonar cálidos y dulces con funda de terciopelo y que por lo general suelen provocar más de una subida de azúcar y diarreas varias. Vamos, que estoy hablando de ese sonido pop o folktronico empalagoso a más no poder y que, por unas razones u otras se me suele atragantar en la primera escucha. Pero parece que Mike se cruzó con Josh Eustis, uno de los miembros de Telefon Tel Aviv, un tipo que posee una forma particular de entender la música a base clicks y sonidos raros que más que molestar suelen engrandecer cualquier cosa que circula por su mente. La mano de Josh se deja notar bastante, tal que Remember The Good Things recuerda gratamente a aquel famoso I Lied de TTA. Tampoco le vamos a quitar méritos al amigo Mike, ya que su voz casi andrógina y metálica se ajusta a la perfección a toda la mezcla con un resultado muy, pero que muy bueno. Así que lo que podría haber sido otro disco más melosillo de calidad normalita se convierte en una mezcla de IDM con folktronica bastante brillante que incita reescuchar algunos temas más de una vez.
La voz femenina que daría más de una alegría a Tricky (en varios aspectos) durante sus primeros discos, ha sacado su segundo trabajo en solitario tras cinco años de silencio a pesar de las buenas críticas de su álbum debut Quixotic. Bueno, eso es al menos lo que dicen los entendidos, porque un servidor ni siquiera lo ha llegado a oir. De este al menos sí que puedo decir que la amiga Martina se ha montado un poco al carro de Amy Winehouse para alimentarse del soul este modernillo e inyectarlo directamente a un pop que deja un regusto al Bristol de los años 90 que da gloria. A diferencia de la anterior pájara, The Blue God rebosa elegancia y buen gusto a la hora de hacer música, alejándose de la pátina comercial que siempre acompaña a la Winehouse. Si es que eso de haber vivido in situ la explosión del trip hop tenía que salirle a la mujer por algún sitio.
Para empezar, hay dos grupos que se llaman así. El que está afincado en Estados Unidos (en el estado de California para ser más exactos) es del que vamos a hablar en esta entrada; mientras que hay otro en Reino Unido mucho más conocido por prestar una de sus canciones (Bellisimo) a un anuncio de una conocida firma de perfumes. Hay mucha confusión con ellos, hasta el punto que incluso en Allmusic.com han colocado el último disco de los británicos a estos.
Dicho esto, Ilya saca su primer trabajo en el 2002 en el que practican una mezcla entre trip-hop y post-rock con una personalidad única que no deja indiferente en la primera escucha. Atmósferas opresivas, disonancias, una fémina con voz desgarrada, pianos gélidos y unas guitarras etéreas conforman lo que parece la banda sonora de una trama ciber-punk. Y es que todo el disco suena oscuro y lleno de desesperación, pero sobre todo atemporal, sin llegar a responder completamente con una corriente musical ya pasada de moda o a punto de hacerlo. Eso si, no es trabajo sobresaliente ya que tiene un par de temas salidos un poco de tiesto y probablemente la primera escucha pueda no acabar de gustar lo suficiente. Hazme caso, escúchalo al día siguiente y verás como ya suena un poco mejor. Y si sigue sin convencerte dedícale unos minutos a escuchar sólo el tema Disturbed. Él solo merece la pena de bajar todo el disco.
Este elegante crooner irlandés con voz atormentada es uno de esos artistas a los que la industria musical maltrata constantemente dejándolos en un oscuro rincón muy alejado de oyentes potenciales. Amparado solamente por su propio sello independiente (salvo el caso del primer trabajo), la difusión de sus trabajos ha sido muy reducida pero lo justa para calar en un público muy minoritario. Sin embargo al poder ir a su aire le ha permitido mantenerse fiel consigo mismo durante todo estos años, sacando discos a su antojo y manteniendo una calidad similar entre ellos. Su evolución musical por otro lado ha sido más bien escasa (lo que no debe tomarse como algo negativo) limitándose simplemente a perfeccionar un estilo que se alimenta de la música de cantautor, junto con pop y una diminuta pinceladita de trip hop, todo ello arropado por un excelente arreglo filarmónico de fondo y su peculiar voz. Su incapacidad para moverse por notas no demasiado agudas ha hecho que explote sus tonos graves y medios con una suavidad y elegancia digna de admiración para además ofrecer un contrapunto en forma de agudos en falsete administrados sabiamente y sin ningún tipo de estridencia que hace que incluso quede bien.
Still Life es su segundo trabajo, lanzado en 1999 bajo su propio sello Naive un año después del lanzamiento de su álbum debut y del que recibió muy buenas críticas. Quizás es uno de sus discos más completos con momentos de absoluta inspiración como Sandriam , guiños a Barry White en If I Let You In o momentos de melancolía en No Lullabies. Y es que escuchando a Perry Blake uno sólo puede pensar en las palabras dulce tristeza.
Después de haber subido a este blog el EP de la banda titulado RE y que dejaba muy buenas sensaciones, ahora toca hablar de lo que es su primer álbum. En mi humilde opinión, creo que este disco no está a la altura de lo que, yo por lo menos, se esperaba tras escuchar RE.
Para empezar el sonido de la banda aunque ha variado poco, ha sido lo justo para que haya algo que yo no atraiga tanto como antes. Posiblemente sea que no se aprecia tanto la sensación de espacio que ofrecían las guitarras, más cerca de un post-rock casi lírico y emotivo. Ahora parece que se han empapado por lo general de un sonido más noise con el que uno no puede evitar pensar en una banda de adolescentes (o para adolescentes) que quisieran hacerle sombra a Tokio Hotel pero a su estilo. Otra cosa que cambia respecto al anterior EP es que hay vocalista, lo cual para algunos puede suponer todo un acierto pero que para mi gusto creo que no acaba de cuajar en algunos temas; ya que las melodías que antes tenían las guitarras son desplazadas a un segundo plano donde se dedican a realizar un trabajo más “sucio”.
Bueno, no es que sea un mal disco pero yo esperaba un trabajo mucho más redondo, casi que fuera un referente en el futuro. La realidad es que Port Sushine los sitúa como otra banda más de post-rock con un trabajo notable pero alejada de gente como Yndi Halda.
Después de muchos días (demasiados diría yo) he decidido volver a darle vida a este blog. Internet está llena de blogs que ofrecen música en descarga directa, algo que podéis comprobar vosotros mismos día a día. Pero me he dado cuenta que los discos no muy antiguos de música electrónica escasean en este tipo de páginas y me parece una lástima que la gente (sobre todo los más jóvenes) no pueda disfrutar de algunas joyas que, como a mí, nos hicieron disfrutar como enanos cuando los escuchamos. Seguiré subiendo cosas actuales, pero voy a dedicarle un sitio especial a estos otros en mis Series Medias. Y qué mejor para empezar que haciéndolo con uno de los grupos más míticos de la época.
Corría el 1999 (que no final de siglo) cuando este dúo alemán sorprendió con su mezcla espectacular, divertida y algunas veces increíblemente elegante de jazz ligerito, funk, bossa nova y el downtempo que impregnaba casi toda la música más o menos tranquila de aquella época. La moda chill out estaba en plena ebullición y Mo’ Horizons supieron aprovechar el tirón a la perfección. Prueba de ello fue que algunos de los temas de este disco y del siguiente aparecerían en infinidad de recopilatorios, como el tema que da nombre al álbum o Prince Charles’ Latest Affair. Pero también supieron aprovechar su parte más fiestera de sala, con temas como Oye! … Bossa, pero sobre todo con Fever 99′, todo un pelotazo.
Seguirían unos cuantos años más en la cumbre musical acompañados de gente como Tosca, Jazzanova, Thievery Corporation o Bonobo, pero a medida que el estilo moría sus discos iban perdiendo la chispa de antaño. El año pasado sacaron su segundo trabajo que, sin ser malo, creo que está a mucha distancia de lo que nos llegaron a ofrecer.