Archivos para Febrero 2009

19
Feb
09

The Prodigy – Invaders Must Die

front

Ya he dicho en varias ocasiones en este blog que para mi The Prodigy han sido uno de los referentes de la música electrónica de la década de los noventa, le pese a quien le pese. Pero también el ejemplo de cómo morir de éxito y de forma casi inexplicable. Tras el lanzamiento de The Fat Of The Land (1997), el grupo estaba en lo más alto de su carrera musical con un Smack My Bitch Up que no dejó de ponerse en las pistas de baile durante un buen tiempo. Pero quizás por la presión o que su estilo había sido explotado hasta la extenuación por otros grupos y DJ’s hasta dejarlo en una sucesión de clichés en cada tema nuevo, el caso es que intentaron volver a una cumbre ocupada por “aficionadillos” con el lanzamiento de un nuevo single que se anunció como un adelanto de lo que podría ser un nuevo LP tras cinco años de silencio. En palabras del propio Howlett, Baby’s Got A Temper nunca debió salir publicado, puesto que no era más que una mala copia del Firestarter, una mala forma de tocar fondo y de comprobar a la vez hasta qué punto la banda había perdido el rumbo y las ideas. No es que fuera mal tema, pero repetir la misma fórmula cinco años después (metiendo hasta samples del Firestarter) cuando hacía tiempo que esta estaba agotada era un insulto para el público y la imagen del grupo. Howlett también lo achacó un poco a la forma de producir que tenían antes, todo con un montón de cacharros y samplers que llegaban a limitar bastante el resultado final, mientras que en el 2002 la música electrónica esencialmente se realizaba con ordenadores, lo que permite una flexibilidad que nunca antes tuvieron y conseguir unos resultados que estaban muy lejos de lo que les ofrecían sus viejas máquinas. El fallo fue intentar seguir produciendo como hacía seis años cuando sabían que la electrónica se movía en otros derroteros.

Después del fracaso del Baby’s Got A Temper, volvería a intentarlo Howlett en solitario dos años después, pero sin la ayuda de Flint quien fue la voz de The Prodigy desde sus inicios. Para ello se hizo con Mac Book y el Reason (cualquiera que haya hecho música con este programa reconocerá su sonido característico) con el que estuvo trasteando un buen tiempo hasta comprender su funcionamiento y poder explorar todas sus posibilidades. La intención de Howlett era olvidar el The Fat Of The Land y reinventarse así mismo intentando adoptar un nuevo estilo que le permitiera aprovechar las benevolencias de la nueva era musical a través del ordenador. El disco que salió de su portátil, Always Outnumbered, Never Outgunned, dividió a gran parte de su público porque allí no había rastro de break beat, ni de Firestarter ni siquiera del No Good. Era una mezcla rara entre el ciberpunk de Atari Teenage Riot con sobredosis de ketamina junto con algo que podía recordar en cierta manera a un electropop estilo Le Tigre (por poner un ejemplo de desfasados). Quizás se le fue la mano experimentando demasiado en algunos temas, pero dejó otros con un estilo mucho más personal alejados de la combinación rara esa que os he referido para dejar perlas como Pheonix, el Wake Up Call que recordaba al The Prodigy anterior o la increíble Hotride con una Juliette Lewis inmensa. Para mi fue una apuesta arriesgada y bastante acertada pero que pecaba de una sola cosa que la lastraba por sí sola al fracaso: sólo usó Reason en la elaboración del disco. Como el propio Howlett reconoció (y como todos los usuarios de Reason de aquella época sabíamos), el programa tiene un sonido final que deja mucho que desear y masterizar desde el propio Reason es una labor que por mucho que le pusieras ganas nunca iba a darte una alegría. El sonido se quedó un poco pobre y eso lastró el resultado final. Si no lo creeis cogeros el Hotride de este disco y el que aparecía en Their Laws: The Singles, que estaban todos los temas remasterizados.

Y llegamos al presente, a lo que debería ser la redención después de la cagada del Baby’s Got A Temper y la semicagada del Always Outnumbered, Never Outgunned se esperaba que The Prodigy sacara un disco que hiciera recordar los mejores tiempos del grupo, fuera como fuese. Esa labor recae en Invaders Must Die, cuyo título o bien parece un homenaje al aniversario del clásico juego de Space Invaders o una declaración de intenciones de cargarse a todos los que dejaron el break beat a la altura del betún. Como todo buen disco, viene precedido del lanzamiento de un tema que forma parte de él en forma de single (nada nuevo bajo el sol) titulado Omen que debería ser un anticipo de lo que prometen en este trabajo. Aquí se vuelve a apostar por el clásico ritmo de The Prodigy y recuperando a la figura de Flint para la causa (y en buena forma), con un sonido de sinte que autohomenajea a ellos mismos, recordando a los que empleaban en sus primeros discos (por ejemplo, el tema Break and Enter del Jilted Generation, o casi cualquier tema del Experience) o a los sintes que detesto de gente como Pendulum. Habrá quien le guste este tema, pero a mi la época raver de The Prodigy tampoco es que me gustara mucho, cosa que aquí parece hacerles un guiño bastante obvio. También hay circulando un videoclip que el propio grupo colgó con el tema que da nombre al disco y que a mi parecer es de una simpleza tal que me parece un insulto a las posibilidades de hacer música que hay hoy en día. Total, que los dos temas que ha mostrado el grupo me parecen bastante reguleros, con perdón para quien le haya gustado. Pero pasemos al resto del disco.

Aquí es donde se destapa el tarro de las esencias y vemos que The Prodigy sí que se han tomado el trabajo en serio y han intentado volver a los orígenes pero haciendo las cosas bien. Casi todos los temas recuerdan a trabajos anteriores con una energía similar el Jilted Generation y dejando completamente de lado el The Fat Of The Land, destacando para mi el Take Me To The Hospital y el Warriors Dance, un tema con toques drum’n'bass con un bajo que lo envuelve todo y que mantiene por sí solo todo el tema. El resto de temas siguen una tónica parecida, mucho ritmo desenfrenado, con sintes un poco raros (algunos creo que bastante desacertados), voces que parecen sacadas del pasado (musicalmente hablando) y ritmos a medio camino entre el break beat de la última etapa y el drum’n'bass de la primera.

En general te deja una sensación de volver a escuchar al The Prodigy de los comienzos y que en ningún momento han intentado continuar por donde se quedó el The Fat Of The Land. Tiene sus virtudes y sus defectos, pero posiblemente este disco no decepcione a quienes se sintieron timados con el Always… y sí a los que crecieron con el Firestarter lo que puede crear un cierto dilema, y es que la generación del Experience hace tiempo que pasó la treintena y ya no creo que estén para agradecer mucho este tipo de material (que seguro que les gustará). Así que el Invaders Must Die debe buscar su público entre un público que escuchó de refilón su mejor época y quienes no tienen ni idea de quienes fueron The Prodigy. Al menos la redención musical sólo se la deben a los más carrozas. El resto es simplemente ganar nuevo público y creo que sin ser un trabajo redondo tiene suficientes argumentos para atraer una nueva legión de fieles.

Invaders Must Die

Omen

Rapidshare: The Prodigy – Invaders Must Die

17
Feb
09

Junior Boys – Begone Dull Care

Vuelve el dúo canadiense que hace unos años nos dejó a todos embelesados con su magnífico álbum So This Is Goodbye. Ahora, tres años después, repiten la misma fórmula de aunar un pop meloso con música electrónica para conseguir un sonido elegante aunque quizás un poco descuidado respecto a su trabajo anterior. Me refiero a que le faltan esas pinceladas de genialidad en la elección de los sonidos para que la faena hubiese sido de nuevo redonda. Además, al decantarse por temas más movidos, parte de la magia que ofrecían los ritmos lentos se ha perdido por el camino. La parte vocal sigue siendo esencial en Begone Dull Care adquiriendo mucho más protagonismo, aspecto que han mejorado considerablemente.

Hay que decir que la versión que está circulando por internet (el mp3 es del 21 de enero)  parece más bien un avance sin masterizar como es debido, porque no me creo que este sea el sonido definitivo. Le falta mucho “brillo” y opino que habría que mejorar los niveles de volumen de algunos sonidos y otras asperezas. Sea como fuere, hasta el 7 de Abril no sale a la venta en USA, por lo que una reescucha con una supuesta versión comercial seguro que haría que este disco nos acabara por convencer. Y es que pienso que este Begone Dull Care se ha quedado un pelín lejos de su predecesor. Pero en fin, yo es lo dejo aquí para que lo escuchéis y ya me contáis. Por cierto, también os dejo el So This Is Goodbye para que comparéis.

Rapidshare: Junior Boys – Begone Dull Care

Rapidshare: Junior Boys -  So This Is Goodbye

08
Feb
09

Fever Ray – Fever Ray

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Fever Ray es el proyecto en solitario de la sueca Karin Dreijer que dentro de poco sacará a la venta su primer álbum bajo el mismo título. Muy bien, ¿y quién es esta chica cuyo nombre no os sonorá absolutamente de nada? Pues una de los dos componentes del grupo The Knife, ese hype sueco que puso en boca de todos el disco Silent Shout. Lo cierto es que me mostré muy escéptico en su día ante aquel trabajo y pensaba que estaba muy sobrevalorado. Pero tenía algo que enganchaba y tras muchas escuchas reconozco que acabé por aficionarme a él, llegando a considerar un par de sus temas como auténticos himnos de la electrónica. Aparte de la más que obvia relación entre Fever Ray y The Knife, Karin Dreijer suena en solitario exactamente como el dúo que le dio la fama en su día (os recuerdo que la otra parte del dúo es precisamente su hermano, Olof). Más en concreto es una versión íntima y tranquila de los primeros. Aquí ya no importa tanto los ritmos contundentes y los bajos afilados, sino que todo el protagonismo lo cede a su voz metálica que es la que perfila las melodías eclécticas y acompañamientos casi siniestros.

Lo mejor es que todo suena muy tranquilo, sin estridencias, con un uso de la compresión magistral que lo dota de un dinamismo que permite darle toda la caña al equipo sin que aparezcan distorsiones ni canse el oído. Esto se debe también en parte a que no hay graves densos ni sintetizadores manejados por una mente perversa. Los sonidos han sido extremadamente cuidados junto el tratamiento de la voz de Karin, que vuelve a parecer tan antinatural como siempre, sobre todo en Concrete Walls donde no se sabe si es ella o la niña del exorcista con gripe.

Vale, el disco suena cojonudo pero seguro que os preguntarés qué espera uno encontrarse en él. ¿Os acordáis de White Chalk, el último trabajo de PJ Harvey? Pues si cogéis más o menos eso, sustituís toda la música por sintetizadores, mantenéis el carácter depresivo y le cambiáis la voz por la cosa rara que le sale a Karin de sus cuerdas vocales tendréis algo parecido (a ver si no suena similar el tema Keep The Streets Empty For Me). Si después de esto seguís perdidos, perdonadme porque el disco suena bien raro (como a mi me gusta) y es difícil de cojones poder dar una idea aproximada. Dejémoslo en extravagante.

Rapidshare: Fever Ray – Fever Ray

04
Feb
09

Señor Coconut (y su Orquesta) – El baile alemán

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Que levante la mano quien después de ver la portada del disco junto con el nombre del grupo y el del disco (que tampoco tiene desperdicio) le entren ganas de escucharlo. Hay que reconocer que Uwe Schmidt, que es el nombre del creador de este proyecto, se lo ha currado para que la gente pase de este disco sin haberlo antes escuchado como si tuviera la peste. La combinación no podría haber sido más acertada para este propósito. Pero ¿qué se esconde tras toda esta fachada? Pues uno de los mejores discos de versiones que se hayan hecho jamás, así de simple.  Y todo ello gracias a todo un icono de la electrónica como no podían ser otros que Kraftwerk.

A ver, intentar hacer versiones de los alemanes es querer que se te abalance sobre ti una jauría de melónamos ávidos de sangre por querer mancillar semejante nombre. Kraftwerk ha sido lo más grande dentro del género y cualquiera que intente imitarlos sólo busca la autodestrucción porque es imposible estar a la altura.  Autobahn sólo hay una y no puedes pretender que tu versión electrónica vaya a ser mejor, es absurdo. Pero este gran problema que se presenta a la hora de versionar a Kraftwerk es en sí mismo la solución. Sólo hay que ver la portada para darse cuenta de por dónde van los tiros. El baile alemán no es sino una revisión con música latina de algunos temas de los alemanes. Cumbia, merengue, salsa… Todos ellos son la antítesis de la música electrónica e incluso me atrevería a decir que son incluso excluyentes uno del otro, por lo que nadie en su sano juicio se le ocurriría hacer sonar Expo2000 a ritmo de mambo… al menos hasta que llegó Señor Coconut con su orquesta y un sentido del humor enorme.

Así que en este disco encontramos las mismas melodías y acompañamientos rítmicos pero con instrumentos típicos de la música latina de toda la vida y siempre visto desde esta perspectiva, por lo que  todo suena como si Kraftwerk hubieran vivido toda su vida en Chile y no hubiesen tenido jamás contacto con la música electrónica. Lo mejor es que todos los temas se reconocen fácilmente por lo que en muchos casos uno espera después de la introducción del tema que aparezca un ritmo electrónico para a continuación dejarte completamente tirado cuando te mete un ritmo de cumbia que no en principio no viene a cuento. Pero queda genial.

No hace falta que te guste la música latina para disfrutar de El baile alemán, sólo la música de Kraftwerk. Es más, creo que si fuera al revés no se podría disfrutar tanto del disco y partirte el culo de risa cuando el coche no le arranca en Autobahn, cuando no puedes parar de marcar el tiempo con el pie a ritmo de merengue en Homecomputer o cuando te da por moverte al compás de la cumbia de Music Non Stop. ¿Alguna vez un disco puede presumir de sentido del humor? Pues este sí.

Rapidshare: Señor Coconut (y su orquesta) – El baile alemán.




 

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