Uno de los géneros musicales más reacios a ser fusionados con otros es el de la música clásica. Con la música electrónica se ha intentado innumerables veces con resultados para todos los gustos. Quizás merecería la pena destacar el de Isao Tomita como uno de los primeros (y que tuvo bastante éxito), donde interpretaba nota por nota piezas clásicas con sintetizadores. El mosaico de sonidos que lograba era impresionante, logrando incluso que sus adaptaciones sonaran más interesantes que las obras originales. Os dejo el tema de Planeta Imaginario, un programa de los años ochenta en la televisón española, que corresponde al Arabesque Nº 1 de Debussy en las manos de Tomita:
Otro más reciente ha sido el caso de Jeff Mills y su intento con la Montpelier Philarmonic Orchestra que recogió en su disco Blue Potential. Desde mi punto de vista, Mills deja algunas cosas interesantes. La primera es su fallido éxito de meter con calzador una base techno con música clásica, aunque de corte contemporáneo de temas que no fueron compuestos para esos menesteres. La segunda es que hay un par de cortes que sí parecen compuestos para la ocasión, en el que cada cuerda de instrumentos desempeñan el trabajo de samples creados con sintetizadores; y aunque no son lo mejor del mundo, al menos entretienen bastante como rareza. Este es el caso del siguiente tema:
Por último me parece justo mostrar a uno de los que más éxito han tenido en esto de unir ambos géneros, Ryuichi Sakamoto. A fuerza de deconstruir la música clásica de piano y reducirla a una expresión mínima como ya mostró Satiè ha conseguido componer una música con identidad propia, quedándose con elementos de ambos géneros y despreciando los ritmos repetitivos y las armonías y melodías clásicas. El mejor ejemplo de sus trabajos actuales son los discos con Alva Noto:
Quizás este último es el mejor ejemplo de por donde ha ido últimamente esta nueva forma de conjugar la música clásica con la electrónica. Pero hay una nueva forma de entender esta unión en lo que se denomina neoclásica y que está a medias de estos tres ejemplos. No sé tampoco en qué momento surge este fenómeno pero da la sensación que vienen propiciado por la aparición del nuevo jazz vanguardista a cargo de compositores nórdicos (jazz muy melódico y expresivo, como el de Tord Gustavsen) y la incorporación a veces de sintetizadores para generar una buena atmósfera (como Lars Danielsson en Melange Bleu). No lo sé. Simplemente es una apreciación mía, que no tiene porqué ser así.
El caso es que en estos últimos años han aparecido compositores (muchos de ellos con sus estudios de conservatorio cursados) que han decidido encauzar su creatividad con la ayuda de las nuevas tecnologías. Así, con unas cuantas librerías orquestales y un conjunto de plugins consiguen hacer temas no muy complejos desde el punto de vista musical, pero dotados de una gran labor creativa a base de incorporar distintos sonidos o efectos que con instrumentos tradicionales sería imposible de conseguir. Los resultados suelen ser asombrosos, con un gran toque cinemático y hasta emotivo en sus composiciones. Para ser precisos, digamos que consiguen crear una mezcla entre música ambient y clásica contemporánea que últimamente está consiguiendo desplazar a la primera.
Bersarin Quartett es un alemán que con la ayuda de su ordenador ha conseguido hacer un gran trabajo en su primer disco, donde se atreve a darle un carácter casi post-rock a sus temas, llegando incluso a incorporar ritmos IDM atrevidos en algunos de los cortes. El resultado en general es brillante, con una calidez que a veces parece que de verdad haya sido grabado el tema con un instrumento musical real, en claro contraste con la frialdad de Marsen Jules. Os aconsejo que lo escuchéis.
Rapidshare: Bersarin Quartett – Bersarin Quartett
